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La Historia de la floristería en Madrid

La Historia de la floristería en Madrid

Floristerías y flores en Madrid. Breve perspectiva histórica del paso de los siglos entre pétalos de nardos y violetas.

A mediados, incluso podríamos decir, a finales del siglo XIX, Madrid dejaba mucho que desear, comparándola con otras ciudades europeas en todo lo referido a floristerías y arte floral. No hacía falta salir de España para encontrar ciudades como Barcelona o Valencia en las que la tradición floral sobresalía y destacaba sobre la de la capital.

Para añadir a un personaje que nos sirva de introducción a esta breve reseñas sobre la historia de la floristería en Madrid, tomaremos prestado al célebre personaje madrileño de La Violetera,  protagonista también, del cuplé compuesto en en 1914 por José Padilla con letras de Eduardo Montesinos:

“…Como aves precursoras de primavera

en Madrid aparecen las violeteras

que pregonando parecen golondrinas

que van piando, que van piando…”

En el Madrid de mediados del XIX, no se tiene constancia de la existencia de ninguna floristería, aplicando el concepto mediante el cual asociamos a un establecimiento como los que hoy en día podemos encontrar,o como los que ya existían en otras ciudades con población siilar e importancia como era el caso de Madrid. Célebres, en su momento, con muchas  menciones poco honrosas hacia ellas, vilipendiadas en la sociedad de aquella época, las violeteras, eran mujeres que se dedicaban a la venta de flores. Ofrecían su mercancía, que portaban en cestas, a damas y caballeros, en algunas de las las calles y zonas más importantes del Madrid decimonónico. Según algunos autores y articulistas de la época, sus artes de venta podrían ser , o de hecho se consideraban taimadas y con pocos escrúpulos. “Asaltaban” a cualquier caballero que mostrase especial interés por una dama, endosándole el ramillete al interesado, sin consulta previa, para que hiciese prueba de su galantería. Se describía con sorna, su modo de venta como “Ataque homicida” que dejaba a us víctimas sin un real. El precio, al parecer, en unos casos consistía en la voluntad, en otros podía variar según la estimación subjetiva que hiciese la vendedora del forzado cliente; “ …Aunque haya 6 te cobrarán 600” ( Comentario de la época) Algunas violeteras ponían precios fijos a sus productos. 

En general, en la sociedad de la época, y proveniendo de hombres, los comentarios, artículos y reseñas disponibles en hemerotécas, no es de extrañar, aunque en algunos caso pudiera ser  cierto, que describiesen a todo el colectivo de ramilleteras, como alcahuetas que hacían las veces de celestinas, mujeres sin escrúpulos, golfas , personas sin oficios y un sin fin de adjetivos parecidos. El Ayuntamiento de Madrid, llegó a prohibir su acceso a ciertas calles y áreas de la capital. Por curioso que parezca, uno de los concejales del distrito centro consiguió sacar adelante una sorprendente iniciativa que consistió en dotarlas de un uniforme de trabajo, no está muy claro aún si fue una medida política cuyo objetivo era el de establecer un censo, o más bien de tipo social, para identificar a las vendedoras; pese al fin que persiguiese en última instancia, provocó todo tipo de críticas y sirvió como comentario para chascarrillos e ironías.

El tipo de flores, la composición y la calidad, estaban en entredicho. Por lo general ramos mal hechos, sin gusto, y que un principio consistían en ramilletes de mejorana y hierbabuena; porsteriormente, nardos, claveles ,violetas y lilas, estas últimas, muy apreciadas en la época, y que las violeteras conseguían en la Casa de Campo de Madrid. En un artículo del periódico El Español, ( Madrid, 1865 - 1868), se hace referencia a una tal Florentina, de origen valenciano, como la mejor florista de la época, y cuya clientela consistía en gente adinerada

La primera tienda de floristería, considerándola como precursora de las actuales, o de las que ya había en otras ciudades y países, fue abierta por el botánico y jardinero valenciano Leonardo Martínez Calatayud, allá por el año 1881. Se convirtió en proveedor oficial  de la casa real, cabe destacar,  ya entrado el siglo XX, que por su floristería pasaron personajes de la talla de Antonio Machín, Marujita Díaz, Sara Montiel o Lola Flores entre otras celebridades de la época. Como nota curiosa, y aprovechando que mencionamos a cantantes y a  estrellas de la gran pantalla, en una de las épocas doradas del cine español, entre los años cincuenta y sesenta, era costumbre adornar las salas de cine con flores, el día del estreno de las películas.

Hoy en día el panorama es completamente diferente. El número de floristerías en la capital, responde con satisfacción a la amplia demanda que existe en el mercado. Hay talleres y escuelas de arte floral y el número de profesionales altamente cualificados, en el sector es más que aceptable. Pese a todo, en los últimos años, el uso generalizado de Internet, va restando preponderancia al modo de compra tradicional, este hecho ha repercutido en un descenso en la afluencia de clientes a las tiendas, una disminución en el volumen de ventas en los establecimientos físicos, los comercios tradicionales, y un fuerte auge de las ventas online.